Eduard OLIVELLA

#2 - serie "secret garden"

  • AÑO: 2001
    DIMENSIONES: 74 x 74 cm (mancha) / 80 x 80 cm (papel)
    TÉCNICA: impresión en gelatina de plata
    EDICIÓN: 1/10 + AP
    MODALIDAD: fotografia
  • DE LOS OTROS OLORES

    La fisiología nos dice que el sentido del olfato sirve para identificar a la madre cuando eres un recién nacido y que nos ayuda a rehusar los alimentos y las situaciones no convenientes protegiendo nuestra salud y por lo tanto nuestra supervivencia. También los más afinados estudios sobre el olfato nos muestran que la situación de la pituitaria proporciona una comunicación directa con el centro del olfato al cerebro en el hipotálamo muy cerca del lugar donde se toman las decisiones íntimas y automáticas como son las referentes a nuestra sexualidad.

    El ser humano ha domesticado desde toda la antigüedad este poderoso complejo hecho de la olfacción, una de las características de la sofisticación del progreso humano. Los perfumes de las flores, las fragancias, los olores diversos de las comidas, del cuerpo humano… generan cadenas de relaciones, concatenaciones de conceptos, de imágenes mentales que han penetrado las creaciones artísticas de todas las épocas; tened como ejemplo el papel que las percepciones olfativas tienen en el ciclo de novelas de Marcel Proust ” A la recherche du temps perdu” o a la abrumadora novela de Patrick Süskind “El Perfume” y su espectacular versión cinematográfica. Curiosamente en la literatura y en el cine el sentido del olfato es inoperante y la seducción de estas obras se debe basar en qué tengamos imágenes mentales del olor y la peste que se activen al leer u oír ciertas palabras o ver ciertas imágenes, como de hecho sucede al leer estas líneas.

    En el ámbito de la olfacción hay una zona de sombra; es la que se refiriere a los olores no placenteros. El hedor de ciertas experiencias olfativas y la tendencia natural hacia el placer, han hecho que las consideremos rechazables. La putrefacción, per ejemplo, genera olores que se poden calificar de diversa manera. Y aquí es donde se encuentra en la subjetividad, una división de opiniones. El rechazo al olor algo dulce de la muerte, de cadáver, es general y lo nombramos claramente hedor. Pero el olor del humus del sol de los bosques formado por hojas secas húmedas en proceso de descomposición es apreciado como referente de cosa natural. Los frutos sobrantes después de un mercado comienzan a pudrirse llenando el aire de un olor característico. Igualmente cierto tipo de quesos que generen fuertes experiencias olfativas sufren de estas diferencias apreciaciones.

    ¿Los olores que cambian hacia hedores se pueden relacionar con situaciones de sufrimiento y finalmente desembocar en una sensación de dolor?

    Yendo hacia el extremo opuesto de la consideración general placiente del olor, ¿nos puede hacer sufrir?; ¿nos puede anticipar el dolor mental o físico antes que se nos manifieste? ¿El olor puede acompañar la percepción dolorosa e, individualmente, dejar soldada esta relación para siempre? El tufo que se extiende por los cementerios días después del Día de los Difuntos con miles de flores pudriéndose puede ser una muestra de estas rehuidas experiencias con un claro paralelismo con la descomposición del cuerpo humano después de la muerte.

    Eduard Olivella

    Barcelona, noviembre 2013

  • Exposiciones

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