MONK, J. - SHRIGLEY, D.

composite photo oftwo messes on my studio floor

  • AÑO: 2008
    DIMENSIONES: 100 x 100 cm - 40 x 100 cm
    TÉCNICA: acrílico sobre tela
  • COMPOSITE PHOTO OF TWO MESSES ON MY STUDIO FLOOR

    Los colores de los tubos de pintura tienen desde hace siglos nombres olorosos que les fueron atribuidos cuando el mundo era más vasto que ahora y todos los destinos evocaban el misterio y la magia de los viajes.

    Olores intensos y colores exóticos salían al encuentro de los navegantes que costeaban el Golfo Pérsico para llegar hasta Irán, donde encontraban el rojo de Persia o aún más allá, en el lejano Indico, donde eclosionaban raros aromas al avistar la costa de donde provenía el rosa de Bengala.

    Desde Inglaterra los viajeros emprendían el Grand Tour para poder divisar desde el Mediterráneo el amarillo de Nápoles o bien costeaban el mar Báltico para encontrar el verde de Prusia. Al este encontraban el pardo de Varsovia y al llegar a Austria hallaban el gris vienés. Al oeste de Europa, en cambio, el naranja era Holandés, y el azul siempre de Sèvres.

    No obstante, a ningún color le dieron nunca el nombre de Barcelona, tal vez por ello alguien debía traer hasta aquí los colores aromáticos impregnados de otros lugares.

    Lo que no resulta sencillo determinar es como les surgió, a Shrigley y a Monk, la idea de crear conjuntamente la serie Corroborative Paintings.

    Aunque algunos giros coloquiales en el resultado permiten suponer que pudo tratarse de una complicidad que venía de lejos. Lo concreto es que se dieron cita en Barcelona un cálido mes de septiembre y llenaron el espacio aséptico de una galería de arte con todos los olores que evocaban los nombres de las pinturas. Ellos me dijeron que la obra Composite photo of two messes on my Studio floor fue la paleta en la que mezclaron todos los colores que inundaron de aromas diversos aquella exposición.

    Kimberly Clark
    Océano Atlántico, 29 de Diciembre de 2008

    CARTA DEL ESCRITOR AL COLECCIONISTA

    Océano Atlántico, 29 de diciembre de 2008

    Querido coleccionista,

    Le escribo desde un punto indeterminado sobrevolando el océano Atlántico
    en dirección a Argentina. En breve cruzaremos la línea del Ecuador, salvando
    así la distancia que separa el frío invernal del hemisferio norte del
    recién estrenado verano austral.

    La gente viaja por muy diversas razones. Pero si bien es cierto que los
    seres humanos volvemos a ser nómadas en muchos sentidos, no lo es menos que
    algunos de los viajes que realizamos son, en realidad, literarios. Es decir:
    cualquier referencia o analogía literaria consigue interesarnos o incluso
    excitarnos hasta el punto de obligarnos a trasladarnos hasta allí. Este es
    pues, un viaje de este tipo. Lo que me atrae a Buenos Aires es precisamente
    encontrar esa ciudad “ideal” e incluso “irreal” que añoró Cortázar desde
    París o el lugar en el que Borges prologó su Biblioteca de Babel.
    Como una obra de arte, el viaje se desarrolla en el tiempo: antes, durante y
    después del trayecto. Un viaje es todas las vivencias que esperamos hallar,
    todo aquello que en realidad experimentamos y por supuesto todo lo que
    recordaremos tras él.

    Seguramente, la agitación que siente el viajero antes del viaje, tiene
    cierta similitud con el placer que experimenta el coleccionista cada vez que
    adquiere una nueva obra de arte: contar una nueva historia partiendo de algo
    que hasta aquel momento no le pertenecía.

    A este viaje debo añadirle un encargo muy particular que le atañe a usted
    tanto como a mí : me han pedido que escriba un texto sobre una obra que
    David Shrigley y Jonathan Monk crearon a cuatro manos para la exposición
    Corroborative Paintings y que ahora forma parte de su colección de arte.
    Puesto que usted colecciona textos además de obras de arte, he pensado
    inmediatamente en que, al igual que otros notables babelólogos
    contemporáneos atraídos por la estela de Borges usted cuenta también con
    su propia “biblioteca de Babel”.

    Ese rasgo diferencial lo convierte en un coleccionista inusual, alejado del
    perfil al que nos tiene habituado el mundo del arte. También es usted
    perfumista, y por tanto su interés por el lenguaje va asociado
    inequívocamente al rastro de las cosas, a la huella de los aromas, al olor
    de la vida.

    Aún no puedo saber como olerá la ciudad porteña, sí en cambio estoy segura
    de que me resultará muy grato prologar su Composite Photo of two messes on
    my studio floor y que me honrará poder formar parte.

  • Exposiciones

    - arte esencial
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