ZUSH

olorenis dasid

  • AÑO: 1991
    DIMENSIONES: 49,5 x 57,5 cm
    TÉCNICA: mixta sobre papel
  • En el estado de las flores mi sensibilidad actúa más por imagen que por olor. Los olores que me producen más afinidad son: hierbas, árboles, musgos, setas, las transformaciones orgánicas que hacen los humus. Una de las maneras de catalizar esta sensibilidad es cuando decimos con mi mujer: “El bosque huele a setas”. Para nosotros es la plenitud olfativa i también visual. Podemos oler y también ver qué minucioso es el paisaje en nuestras recolecciones. Toda mi vida he manipulado materias vegetales, lo que equivale a decir mis cinco sentidos han actuado armónicamente.

    Hay perfecciones que sólo se pueden deducir por el tacto, otras por la vista. Toda mi obra tiene una sonoridad opaca. Me molesta el vacío, me sugiere falsedad. Y muchas veces tengo la necesidad imperiosa de degustar la primera materia. Es una manera de sentir el aroma más visceralmente.

    El bambú es una gramínea como lo es el maíz, el arroz, el trigo. Me gusta el olor a paja, la de la harina pastada con agua y la del pan acabado de cocer. Me gustaría que mi escultura tuviese el perfume de los hornos de pan y que su forma sugiriese todas las maravillas con sus olores correspondientes para continuar deseando el pan nuestro de cada día.

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  • AÑO: 1970
    DIMENSIONES: 70 x 78 cm
    TÉCNICA: acrílico sobre madera
  • Un dulce estremecimiento, una tierna cautividad, así puede ser un olor. Envuelto en sus fragantes redes, es difícil desprenderse de ellas. Porque los bellos olores tienen el poder de atar nuestros deseos, de sujetar nuestra voluntad, haciendo callar nuestras ganas de evasión.

    Estos perfumes están ligados de forma indisoluble a nuestra historia, encarcelándonos en la red de nuestros propios recuerdos. Matho, el héroe de Salambó de Gustave Flaubert, experimenta dicha captura: era una emanación indefinible, fresca y no obstante aturdidora como el humo de un pebetero. Olía a miel, a pimienta, a incienso, a rosas y a otro “olor”.

    Este perfume firma así definitivamente la pertenencia de Matho à Salambó hasta su muerte.

    Zush

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